
Hoy me preguntaron desde cuando me gustaba el teatro. Y la verdad no supe responder con claridad “desde” cuando. ¿Cuándo no, no? Recuerdo una presentación en el Jardín de Infantes donde bailábamos la canción “chocolate” de Reina Reech y no me eligieron. Me veo a mi misma muy enojada con eso, como cuando en 6to no me eligieron para Flashdance. También recuerdo la emoción de hacer una comedia mexicana en 4to grado con mi vestido verde de cola y mi sombrero y mi desmayo al enterarme que mi amado se acostaba con la mucama. Fue genial. Estaba en 4to grado. Me acuerdo de otras dos frustraciones: mi traje de mariposa que se rompió antes de salir a escena y mi paraguas amarillo de enorme tamaño comparado con otros pequeños de mis compañeros. La primera vez: La Cenicienta. Fui la cenicienta a los 5 años, quería ser la cenicienta para que el nene que me gustaba fuera mi príncipe, pero no lo fue. Fue otro. Un nene que casualmente gustaba de mi. Todavía siento como temblaba mi cuerpito con las luces y la voz de la señorita que decía “ahora cenicienta nos muestra los collares, las pulseras, su peinado”. mi mama estaba desesperada porque me había despeinado. En 7mo grado me perdí el papel de Julieta y de Tita Merello y en 8vo no participe de la muestra anual porque me enferme de paperas. Pero me gane el papel de Blancanieves. Cuando llegue a tercer y ultimo año de la secundaria luche por el papel principal de la Muestra de Fin de año y lo conseguí. Represente a Velma Kelly en Chicago. Los aplausos fueron apabullantes, increíbles. Nos presentamos en el teatro Roma de Avellaneda y llegue tarde. Pero salio todo perfecto. En todos esos años empecé a estudiar teatro, danza y lo deje. Y volví a empezar. Y lo deje. Y volvi a empezar. ¿miedo al fracaso, al ridículo, a la consigna, a los profesores, a enfrentarme conmigo misma? Si y no. Todavía trabajo en esa respuesta.
Soy muy critica. Muy autocrítica. Primero enumero mis debilidades y después mis habilidades. Creo que me aterra que conozcan mis debilidades entonces las publico por los cuatro vientos para evitar que nadie se sorprenda. Ahora, quiero aprender. Olvidarme de las capacidades y limitaciones y dejarme a mi misma aprender. Porque las limitaciones, aprendí, no están ni en el cuerpo, ni en la espalda. Están en mi cabecita.